viernes, 22 de febrero de 2013

LA SOLIDARIDAD

     Cuando Mario perdió el trabajo en la fábrica empezaron las preocupaciones: ¿cómo se lo iba a decir a sus padres o a su mujer? El se había portado muy bien en el trabajo y no podía entender por qué a sus compañeros y a él podían despedirlos del trabajo.

     Hasta entonces en su casa vivían muy bien: tenían un buen coche, salían a comer todos los domingos y, en las vacaciones de verano, hacían viajes interesantes por otros países. Pero ahora todo eso se iba a acabar. Menos mal que su mujer, Carmen, aún conservaba su trabajo en la tienda de electrodomésticos y, aunque no ganaba demasiado dinero, lo que ganaba era suficiente para pagar la letra de la casa en la que vivían, los recibos de la luz y hacer la compra de la comida diaria. Sus hijos, María y Eduardo, comprendieron que ya no podrían celebrar los cumpleaños fuera de casa como hasta ahora, ni ir al cine los fines de semana, ni comer "los chuches" a diario. 

     El problema más serio surgió cuando a Carmen también la echaron del trabajo porque la tienda de electrodomésticos donde trabajaba tuvo que cerrar: no vendían tantos electrodomésticos como antes porque a otras muchas otras personas también les habían despedido del trabajo. Ya no tenían dinero para pagar la letra mensual del piso, para pagar el agua o la luz; tampoco para pagar la compra de la comida. Gracias a los vecinos comían a diario decentemente: su vecina Luisa les pasaba unas patatas guisadas, su vecino Andres les daba unos huevos, etc...

     Cuando el banco les dijo que tenían que abandonar la casa en la que vivían porque ya no la podían pagar creyeron morirse. ¿Podrían ellos convertirse en "personas sin techo"? El día en que el juez y la policía vinieron a desalojarlos de la casa se encontraron con que el vecindario y otra multitud de personas desconocidas cortaban la calle, y se quedaron con la boca abierta. La policía no podía avanzar y tuvo que retroceder ante el miedo a que se originara un conflicto. 

     Así se demostró lo que la unidad y la solidaridad de las personas es capaz de conseguir: detener la injusticia sin necesidad de violencia. Es como si un oso hormiguero, egoista y tragon, hubiera querido absorver un hormiguero completo de una vez: o suelta a las hormigas o se le obstruyen las vían respiratorias y se ahoga.

viernes, 1 de febrero de 2013

Respetar otras culturas

¿HAY QUE RESPETAR TODAS LAS CULTURAS? ¿SÍ O NO?


     En general, desde el punto de vista del desarrollo de la civilización humana, sí debemos respetar a aquellas personas que tienen una forma de pensar diferente a la nuestra porque, para que ese desarrollo se haya producido, ha sido fundamental el intercambio entre pueblos y culturas. Por ejemplo, lo que hoy somos los habitantes de la Península Ibérica es el resultado de la mezcla y el contacto con otras culturas. Primero, fueron los pueblos indoeuropeos, procedentes de las grandes llanuras de Europa, los que se mezclaron con los pueblos ya existentes. Después, fenicios, griegos, cartagineneses, godos, romanos y árabes enriquecieron nuestra lengua, nuestros cultivos, nuestra tecnología y nuestro saber. Por ello, el respeto a otras culturas es el respeto a nosotros mismos como seres humanos, resultado de la evolución de otros seres humanos.

     El problema surge cuando observamos a otras culturas desde el punto de vista de nuestra educación y nuestra conciencia moral, es decir, desde lo que tenemos aprendido como "el bien" o "el mal". Por ejemplo, si, desde nuestro punto de vista, pensamos en los inuits cuando abandonaban a los ancianos o a los niños a su suerte, diremos que estaban cometiendo un asesinato. Sin embargo, esta práctica que parece un disparate tiene una explicación lógica: si no abandonaban a los individuos más débiles el resto de la familia podía morir de hambre y de frío.

     En otros casos la explicación no es tan lógica porque hay costumbres que son utilizadas por grupos poderosos o por las clases dominantes de una sociedad para mantener el poder, ejercer la barbarie y la discriminación. Por ejemplo, es el caso del sometimiento de los negros a los blancos, la ablación del clítoris de las mujeres, el tapar a las mujeres bajo el burka, etc...  Y respetar estas costumbres no es respetar a otras culturas, es tolerar la violación de los derechos humanos. Para que esto no se produzca es necesario que los países desarrollados ayuden a los países donde se dan estas costumbres a desarrollarse para que todos sus ciudadanos tengan unas buenas condiciones de vida y una educación adecuada, única forma para evitar ser manipulados, y elaborar leyes internacionales que castiguen a los gobernantes que permitan estas situaciones.



viernes, 16 de noviembre de 2012

Racismo, ¿sí o no?

Yo digo ¡no! al racismo.
Ya, entre 1792 y 1799, en la época de la Primera Revolución Francesa, se elaboró una constitución que reconocía el derecho a la igualdad entre las personas. También, en el artículo 14 de la vigente Constitución Española de 1978, se dice que no se discriminará a ningún ser humano por su raza, religión, sexo o edad.
Hay personas que se les debe de olvidar que existen los derechos fundamentales, porque no aceptan a otros seres de diferentes nacionalidades (inmigrantes, sobre todo de raza negra y magrebíes) por ejemplo, en un trabajo, aunque estén bien preparados, o, si los aceptan, les pagan menos dinero por el mismo trabajo, lo que significa un trato desigual, marginándolos así de la sociedad. La ONU, en 1948, ya redactó la Declaración Universal de Derechos Humanos.
En el siglo XVIII se traficaba con esclavos de raza negra, que eran vendidos y usados como otra mercancía más. Y hay que saber que el color de la piel de alguien no es motivo para ser considerado como peor persona; es más, el presidente de uno de los países más importantes del mundo, los Estados Unidos de América, es de raza negra y yo no creo que haya nadie al que se le ocurra discriminarle por su color; todo lo contrario, y creo que se le respeta y admira. 
Yo he visto con mis propios ojos, en el autobús o en otros lugares, como un ciudadano español ve una persona marroquí o negra y se aparta de él como si fuera basura y, a mí, eso, no me gusta. Si queremos que los demás nos traten con respeto también debemos respetar las diferencias, y, ser diferente, también es bueno porque es una forma de conocer otras costumbres y otras formas de pensar que nos enriquecen.

viernes, 19 de octubre de 2012

RECORTES


No me gustan los recortes. Cuando éramos pequeños nos decían en el colegio que, si un alumno llevaba ventaja en los estudios, ayudase a sus compañeros, y nos hablaban de paz y de solidaridad.
Ahora, con los recores, sobre todo en la sanidad y en la educación pública, ¿qué pasa?. Cuando algún inmigrante o algún ciudadano español mayor de 26 años no tenga trabajo, se ponga enfermo y no le atiendan, ¿le van a tirar a una cuneta?.
Los recortes en la educación pública son los que más me están molestando porque son los que más cerca tengo. Estos señores que gobiernan y los que les gobiernan a ellos desde Europa no deben de querer que los hijos de los trabajadores estudiemos para que así seamos las "chachas" de sus casas y los camareros que les digan a todo: ¡sí, señor!. Han suprimido de los colegios e institutos los profesores de apoyo para los alumnos que van peor y, además, los han echado al paro cuando algunos de ellos son muy buenos profesores. Han aumentado el número de alumnos por clase, no para "socializarnos", como dice el ministro de educación, sino para tenernos apretujados en las clases, y entretenidos con el jaleo, aunque siguen dando dinero a los colegios privados y quitando el dinero a todos los trabajadores para pagar a sus amigos.
Me gustaría que los políticos de mi país nos demostrasen, con el ejemplo, que de verdad quieren arreglar la crisis y que llevasen a la cárcel a los banqueros que han usado el dinero de otras personas para hacer negocios sucios; que a los alcaldes que han permitido destruir el medioambiente construyendo casas sin control, edificios que no sirven para nada y aeropuertos sin aviones, les castigasen devolviendo de su bolsillo lo que se han llevado, y que a los jueces que son justos les dejasen hacer bien su trabajo. Y entonces nos podrían hablar de paz y de solidaridad.